Una escena desgarradora expone hasta dónde puede llegar el drama de las adicciones. Un joven fue encadenado por su propia madre dentro de su casa, en Wanda, Misiones, luego de que la mujer asegurara que ya no podía resistir los violentos episodios que protagonizaba su hijo tras consumir pedra.
“Prefiero que me maten a estar encadenado”, habría expresado el joven, en medio de una situación límite que dejó al descubierto el calvario que atraviesa toda una familia.
Su madre, Mari, tomó una decisión desesperada. Según relató, no quiere verlo encadenado, pero tampoco puede soportar la posibilidad de encontrarlo muerto en la calle luego de ser atacado durante alguno de sus episodios.

“Prefiero verlo morir en mi casa y no tirado en la calle, atacado por otros adictos”, habría manifestado la mujer, dejando una frase que estremece y refleja la impotencia de una madre frente a una problemática que parece haber desbordado todos los límites.
La situación no es solamente la historia de un joven que lucha contra una adicción. Es el grito desesperado de una familia que ya no sabe qué hacer.* Una madre que, entre el miedo, el dolor y la desesperación, terminó recurriendo a una medida extrema para intentar proteger a su propio hijo.
Mientras tanto, detrás de esa cadena hay una pregunta que golpea fuerte: ¿qué pasa cuando una familia pide ayuda y siente que ya no tiene ninguna herramienta para contener a un ser querido?
La historia vuelve a poner sobre la mesa el drama de las adicciones y la necesidad urgente de respuestas para quienes atraviesan situaciones de consumo problemático, antes de que una familia tenga que llegar a un límite todavía más trágico.
Una madre encadenó a su hijo para evitar que la calle se lo lleve. Y él respondió con una frase que resume su desesperación: “Prefiero que me maten”.



