Por: Alejandra Haukalluk. Antes de ser mamá seguramente tu vida era totalmente distinta, sin tantas preocupaciones, obligaciones ni tareas impostergables, vivías solamente para vos, pensando siempre en disfrutar la vida y haciendo todas las cosas que te gustan o gustaban en ese momento.
Tal vez nunca te viste siendo madre, tal vez no lo deseabas o quizás si era lo que más querías en tu vida, cualquiera haya sido tu situación, sin dudas tu vida ha cambiado.

De repente ha llegado tu momento de ser madre, y con él un mundo nuevo y lleno de sentimientos encontrados. Nunca imaginaste que esa personita tan chiquita podría mover tantas cosas en vos, y ahí estás, encontrándote con una nueva mujer, una mujer que ahora es madre y que ya no piensa en sí misma como una sola, piensa por dos, siente por dos, vive por dos, y casi siempre vive más por su hijo o hija que por ella misma. Tal vez durante esos nueve meses que te da la vida para que te “prepares” te preguntaste miles de veces como serias como mamá, y mil veces más dudaste de poder hacerlo bien, es difícil hacer algo sin tener experiencia y sin poder practicar antes ¿no? sin embargo, hasta sin saber cómo hacerlo, lo haces bien, día y noche haces cosas por ese nuevo ser que llegó a este mundo, cosas que nunca antes habías hecho y que muchas veces no pensarías en hacerlas por alguien que no fuese tu hija, tu hijo.
Sorprendentemente, tu cuerpo cambia por dentro y por fuera, sentís cosas que no podes explicar y ni hablar de tu mente, esa que antes era libre y despreocupada, se encuentra ahora con un radar que detecta todo tipo de peligro, de personas con malas energías, detecta también todas las situaciones que no favorecen a tu pequeño o pequeña para salir huyendo de esos lugares; también cambian tus relaciones, tus amistades, eso que creías que no te iba a pasar a vos con tus amigas te termina pasando, ya no te escriben como antes, ya no te juntas a hacer nada como antes, pero igual las entendes, porque hoy vos sos otra y sabes que el día que ellas sean madres vos vas a estar ahí, sabiendo todo lo que una mamá primeriza necesita de sus amigas.
Otra cosa difícil de entender también, es como tu cuerpo y mente siguen funcionando con la cantidad de sueño y cansancio que tenés cada día, porque ahora sos mamá y ese es un trabajo de 24 horas, pareciera que el sueño no es sueño cuando lo que te despierta cada dos horas todas las noches es la vocecita de esa pequeña persona que tanto amas y que sabes que solo necesita sentirte un rato más para volver a dormir. Existen miles de ambivalencias que rodean a la maternidad, queres dormir, pero cuando duermen te despiertas cada rato a ver si está todo bien; queres salir sola, pero no querés dejar a tu cría con nadie; queres tiempo para vos, pero cuando lo tenés extrañas horrores y queres volver corriendo a jugar con él o ella; querés trabajar y seguir sintiéndote una mujer independiente y empoderada, pero sabes que lo mejor es estar siempre presente durante sus primeros años de vida.
No es fácil ser mamá, nadie está preparada para eso y nadie lo va a estar antes de serlo, mucho menos en estos tiempos donde las mujeres queremos tener una vida autónoma, trabajo y bienestar tanto físico, como mental y económico, sin depender de nadie. Hoy las mujeres nos preparamos primero para la independencia, y la maternidad llega a una vida ya hecha, donde debemos acomodar los tiempos para ser madres en nuestra rutina laboral diaria, siendo esto muy agotador. En cambio, la realidad actual que nos encontramos transitando, por la pandemia de covid-19, nos plantea el trabajo desde casa, uniendo así la maternidad con la profesión, todo en un mismo tiempo y espacio.
Algunas mamás que trabajan desde casa quisieron contar sus experiencias en cuanto al aislamiento social obligatorio siendo madres y el trabajo que se encuentran realizando desde casa, veamos que nos dice cada una:
Stefania, profesora de Educación Especial y mamá de Bianca (3 años): Los cambios en la rutina fueron casi al 100, al estar 8 horas en el trabajo, ella pasaba todo ese tiempo con la niñera o en el jardín maternal, así que esta situación favoreció la crianza y el vínculo al poder dedicarme por completo a ella, desde ese punto fue positivo para mí.
Por otro lado, también puedo ver a veces un apego, que creo que también va a dificultar luego la vuelta al trabajo.
Y pude observar también la necesidad de ella de tener su tiempo al aire libre, en la plaza, el juego con amigos y el jardín maternal, lo que se expresó también en sus rabietas y llantos. Es un trabajo familiar el sostén y gestión de estas rabietas.
Leonela, Profesora de Educación Especial y mamá de Justina (2 años y 4 meses): Al principio fue raro y difícil por el tema del miedo, cuando sos mamá experimentas miedos que nunca antes habías experimentado. Y con el covid-19 fue todo un tema, limpiaba todo el día, todo lo que Justina tocaba, después me relaje un poco.
Tenemos nuestros momentos y días, pero me encontré más madre que nunca viviendo la maternidad junto con ella las 24 horas del día, viviendo cosas que por el trabajo se me hacía difícil, conociéndonos las dos, levantándonos juntas, viviendo sin horarios, porque por mi trabajo ella muchas veces tiene que adecuarse a mis horarios y eso lo sufrimos.
A pesar de todo lo malo esta pandemia nos sirvió a las dos para fortalecer el vínculo, lo malo es que muchas veces ella expresa la necesidad de estar en contacto con otros chicos de su edad y por momentos se aburre. También hay momentos y días que la maternidad me sobrepasa y se vuelve un poco complicada, hay que admitirlo, pero no deja de ser hermosa.
Adriana, Psicóloga y mamá de Micaela (10 años) y Joel (5 años): Ser madre es un desafío en todos los tiempos y la cuarentena no es la excepción. Lo positivo es poder estar con mis hijos en un momento donde las ansiedades se hicieron presentes. Extrañar a los abuelos y no poder verlos fue difícil. Y cada uno lo maneja desde su lugar.
Mi hijo más chico (5 años) “la pasa bomba” entre juegos y más juegos. Con mi hija mayor (10 años) es diferente, ella extraña muchísimo la escuela, los amigos las actividades de la iglesia a la que concurrimos. Sin embargo, también es un tiempo donde pudimos hacer cosas significativas que por los horarios de trabajos no podíamos hacer, como almorzar cada día los 4 juntos, tratar de transmitirle más fe y menos miedos para que puedan recordar este tiempo como algo difícil, pero de lo que podamos salir fortalecidos como familia.
Si bien la escuela en casa es un factor de estrés, también es una oportunidad para poder trasmitir algunos valores como la constancia (aunque nos cueste) o la gratitud como un ejercicio cuando estamos “chinchudos”, damos gracias por las cosas positivas, y así cambiamos la mirada de la situación.
Lamentablemente también hay que reconocer que a veces afloran las emociones de las que no nos sentimos orgullosas. Te encontrás salida de las casillas por cosas que realmente no son importantes.
Esa falta de paciencia y recordar que son niños, que tienen el derecho de no saber, o de que se les caigan las cosas, por dar un ejemplo simple. Pero si tenemos la humildad suficiente de reconocer que actuamos mal como adultos, nuestros hijos nos enseñan lo maravilloso que es el amor y lo grande que puede ser el perdón. Cada situación que nos toca vivir nos deja una enseñanza, como padres debemos ser conscientes de que estamos influyendo en todo momento sobre nuestros hijos. Y a su vez ellos nos motivan a ser mejores cada día.
Gisela, Profesora de Educación Especial y mamá de Sol (5 años) y Bautista (6 meses): Cuando comenzó la cuarentena yo estaba con licencia, al poco tiempo me reincorporé a las tareas laborales y al principio me gustó mucho esta modalidad, estaba contenta porque tenía tiempo para compartir con mis hijos mientras trabajaba, la primera semana estuvimos re bien, nos levantábamos juntos, pudimos establecer el vínculo con mi bebe más que nada, porque estuve yo todo el tiempo dándole la comida, amamantándolo. Pero con el tiempo me fue cansando la situación, ya que tengo que hacer las actividades de mi trabajo y los niños demandan atención todo el tiempo.
También tengo que hacer los trabajos escolares con Sol, que va a sala de 5, más los míos, entonces ya deseo que vuelva la normalidad, estoy pensando en volver a contratar a la niñera para que me ayude en un turno, ya que trabajo doble turno, y así poder organizarme y también descansar un poco, porque realmente es cansador todo lo que estamos viviendo.
Por supuesto que es lindo poder estar con ellos, poder almorzar juntos, darle la comida, bañarles, cambiarles, pero es cansador cuando uno trabaja doble turno y tiene que también estar al pendiente del trabajo todo el tiempo, con el teléfono o la computadora.
De todas formas, rescato que puedo estar para sostener sobre todo la lactancia con Bautista, porque cuando uno no está en casi todo el día ellos ya van dejando un poco la lactancia materna, eso es lo positivo, pero por otro lado ellos se acostumbraron a estar todo el tiempo conmigo y ahora les va a costar un poquito estar con otra persona.
Como pudimos ver, para varias mamás el aislamiento social obligatorio trajo muchos cambios positivos, todas disfrutan de estar con sus hijos e hijas, todas valoran mucho cada momento que pueden estar junto a sus cachorros, y a muchas este tiempo de cuarentena le ha llevado a replantearse la necesidad de trabajar tantas horas por día, se comienzan a preguntar si lo más importante es darle cosas o regalarle momentos a sus niños y niñas, creo que cada una ya tiene la respuesta en su corazón.
Por otro lado, se puede observar también que a pesar de la belleza que contiene la maternidad, ese vínculo sagrado entre una madre y sus hijas e hijos, aparece también muchas veces el cansancio y la falta de paciencia, esto no se debe a los hijos en sí, tiene que ver más bien con una cultura en la que la mujer debe ocuparse de todo lo que tenga que ver con el hogar, entonces muchas veces nos encontramos con hombres que no aportan en el orden y limpieza de una casa en la que ellos también viven, hombres que no se ocupan de alimentar, cambiar o bañar a su hijo o hija, que no se ocupan de preparar un almuerzo o cena para toda la familia, y muchos etcéteras, creyendo que esas son actividades que están relegadas sin discusión a las mujeres del hogar, sin importar que ellas también cuenten con un trabajo rentado, sin importar que ellos también viven y ensucian esa casa y sin importar que ellos son los padres de los niños y niñas y por ese siempre hecho pueden ocuparse de todo lo que tenga que ver con ellos.
Debemos aprovechar esta pandemia, este tiempo de aislamiento social, para acercarnos como familia y aportar cada uno todo lo que necesita nuestra familia, olvidándonos de los mandatos tradicionales y basándonos en el amor hacia esa persona con la que se comparte el hogar, para así poder apoyarla al máximo en todo lo que realice. Visualizar a la mamá es una gran tarea para que ella tenga el lugar y el bienestar que se merece, sin que todo recaiga solamente sobre ella.



