Silvia Martínez, Ramona Leal y Sol Espíndola son solo tres mujeres de un enorme grupo de trabajo que decidieron calzarse la cofia y el delantal para preparar comida para los más necesitados.
En situaciones difíciles afloran los corazones solidarios que, lejos de dejarse vencer, se ponen en pie para hacer sus aportes a la sociedad. En este caso, nos dirigimos al comedor del FOL en el km 40, donde decidieron no quedarse de brazos cruzados durante esta cuarentena y ayudar a quienes necesitan llevar un plato de comida a sus mesas.

“Después del primer día de cuarentena, la gente fue haciendo boca en boca y empezaron a sumarse más personas de las que teníamos, porque no podían salir a trabajar y muchos viven el día a día”, dice Sol Espíndola, quien nos explica que ante la restricción de circulación pasaron a hacer comida de 120 a 300 personas diariamente.
Dentro de los testimonios que esta experiencia les deja, Sol nos cuenta que de esta forma pudieron conocer cómo está atravesando esta pandemia la gente más carenciada: “Se acercan con un tupper o con un plato; a muchos les da vergüenza, otros nos cuentan sus problemas llorando: uno va tomando contacto con la realidad de las personas que llegan”, dice.
A partir de esta movida, la gente del barrio se fue solidarizando con la causa y acercaron algunas donaciones para que las mujeres puedan seguir con esta hermosa misión. Sin embargo, la ola se expande y cada vez más personas tocan su puerta. Por esto, es necesario que todos nos involucremos con donaciones de alimentos que les permita mantener esta olla solidaria al menos hasta que pase la cuarentena. Las mismas pueden enviarse al mismo comedor del FOL en el Km 40 a pocos pasos de la seccional de policía y el CIC.



