Casi cinco meses frente a Casa de Gobierno, fuertes críticas al poder provincial y un reclamo que parecía no tener vuelta atrás. Después llegó el “acercamiento con el Gobierno” y la carpa desapareció. Semanas más tarde, una RAM vuelve a poner a Diego Correa en el centro de la escena.
Diego Correa sostuvo durante meses un acampe frente a la Casa de Gobierno. Reclamaba su reincorporación, salarios retenidos y denunciaba públicamente una situación que, según sostenía, afectaba sus derechos.

La protesta se extendió durante casi cinco meses y convirtió aquella carpa en una postal incómoda frente al poder político.
Pero algo cambió.
El acampe terminó después de que trascendiera un “acercamiento con el Gobierno”. Y mientras todavía quedaban interrogantes sobre cómo se resolvieron los reclamos que habían dado origen a la protesta, apareció una nueva escena que generó ruido.
Una publicación comercial vinculó a Correa con la entrega de una camioneta RAM.
¿Casualidad? ¿Una operación estrictamente comercial? ¿Una cuestión personal? ¿O existe una historia detrás que todavía no fue contada?
Hasta ahora, no hay elementos que permitan afirmar que haya existido un intercambio político entre el final del acampe y la aparición de la camioneta. Pero la llamativa secuencia deja una pregunta instalada:
¿Qué pasó entre la carpa frente a Casa de Gobierno y la RAM?
La historia también vuelve a cruzarse con el nombre de Amarilla, en un escenario donde quienes ayer protestaban frente al poder hoy aparecen transitando otros espacios.
De la protesta a los acuerdos. De la carpa a una camioneta de alta gama.
Y en el medio, muchas preguntas que todavía esperan respuestas.



